
Herrera
Lithognathus mormyrus · Sparidae
- Mar
- Mar costero
- Medio
- Talla
30–55 cm
- Peso
0,3 kg
- Longevidad
12 años
- Profundidad
0–150 m
Dónde pescarlo
- Estuario
- Playa
- Costa rocosa
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El herrera es un espárido esbelto de cuerpo plateado cruzado por unas diez bandas transversales oscuras que recuerdan al mármol, de ahí su nombre. Frecuenta playas de arena fina y zonas de rompiente en aguas poco profundas a lo largo de las costas mediterráneas y atlánticas, hurgando el fondo en busca de gusanos, moluscos y pequeños crustáceos.
Calendario
Su área de distribución
Golfo de Vizcaya, estrecho de Gibraltar, Mediterráneo, mar Negro, Madeira, Canarias y Cabo Verde, y luego toda la fachada africana hacia el sur hasta el cabo de Buena Esperanza. Añádase el océano Índico occidental: el sur de Mozambique y el mar Rojo.
Y un hueco: la especie se da por ausente del África tropical oriental.
Dos bloques templados y subtropicales, uno en cada extremo de un continente, y el centro cálido dejado de lado. Esa es la forma que toma el área de un pez al que limita el calor, y no el frío: de cuarenta y ocho grados norte a treinta y cinco sur, sin los trópicos.
En la fachada atlántica, el límite norte es el dato que hay que retener. El golfo de Vizcaya cierra el área: allí la herrera es un pez de borde, presente pero en el extremo de lo que aguanta. En el Mediterráneo está en su casa, y es allí donde las playas la dan con regularidad.
Reconocerlo
La diagnosis de referencia de la herrera cuenta radios y ahí se detiene: once espinas dorsales, doce o trece radios blandos, tres espinas anales, diez u once radios. Ni una palabra sobre la librea.
Y resulta que el carácter por el que todo el mundo reconoce a este pez es justamente su librea. Una decena de bandas oscuras transversales sobre fondo plateado, repetidas a lo largo de todo el cuerpo: es lo que dice la nota del catálogo, es lo que dicen su nombre francés y su nombre alemán, y es lo que destaca en la rompiente o dentro de un cubo. El carácter es real y está documentado; sencillamente no está en el apartado que se consulta primero.
Lo que cuenta es el sentido de las marcas, y separa a tres peces plateados de la misma arena, cada uno descrito por su propia fuente. En la herrera, las bandas cruzan el flanco de arriba abajo. En la salema, la diagnosis cuenta diez líneas doradas que lo recorren de la cabeza a la cola. En la chopa, registra trazos longitudinales débiles. Vertical, horizontal, horizontal y pálido: ante un espárido plateado, la pregunta no es «¿tiene rayas?» sino «¿en qué sentido van?».
Leer la librea sobre un pez que acaba de salir. Es el momento en que su contraste es máximo, y cada hora que pasa le quita algo.
La reproducción
Tres respuestas conviven en la misma fuente, y ninguna se impone.
El apartado de biología da la especie por hermafrodita proterándrica —macho primero, hembra después— y monándrica. El de reproducción sitúa la inversión principalmente entre veinticuatro centímetros uno y treinta y cinco centímetros dos de longitud total, hacia los tres años y medio. Ese mismo apartado señala, en fin, que se han publicado descripciones contradictorias del modo de reproducción, incluida la hipótesis de sexos simplemente separados.
Una medida de campo acompaña al conjunto: en el norte del Adriático, la proporción global de machos a hembras se registró en uno a uno coma sesenta y dos. Ese desequilibrio es compatible con la proterandria; no la demuestra.
La madurez, en cambio, no se discute y llega pronto: hacia los diecisiete centímetros cuatro, con un rango que empieza en veinte. Es el único punto de apoyo de esta sección sobre el que se puede construir algo.
El agua que necesita
La herrera está clasificada como demersal. La palabra hay que tomarla al pie de la letra, y la distingue de la mayoría de los espáridos costeros de la misma costa, que son bentopelágicos: esta vive sobre el fondo, no por encima. Todo lo que sigue se deriva de ahí, empezando por el sitio del cebo.
Ocupa la plataforma, sobre arena y fango, además de las praderas marinas y los estuarios. La franja registrada va de la superficie a los ciento cincuenta metros, pero la habitual es de diez a veinte.
Diez metros de agua son una fracción mínima de una envoltura de ciento cincuenta, y es ahí donde el pez está realmente. Eso lo pone en la rompiente, en las desembocaduras y al alcance de cualquiera que tenga los pies en el agua. Y significa también que no tiene profundidad a la que retirarse.
Aguanta el agua salobre, vive en grupo y forma bancos de tamaño apreciable. Doce años de longevidad registrados, pasados dentro de esa banda.
Zonas
- Playas arenosas
- Desembocaduras de ríos
- Zonas de rompiente
- Puertos y calas resguardadas
Técnicas
- Pesca de fondo en surfcasting
- Feeder costero
- Pesca a la tireta
- Pesca en kayak
Cebos
- Gusano de fango
- Berberecho
- Mejillón
- Quisquilla gris
- Arenícola
De qué se alimenta
Gusanos, moluscos y pequeños crustáceos.
Lo que llama la atención en esa lista es lo que no contiene: nada rápido, nada grande, nada que viva en la superficie del fondo. Los poliquetos están en el sedimento. Los bivalvos están en el sedimento. Los pequeños crustáceos de una plataforma arenosa pasan en él casi todo su tiempo. Es un régimen compuesto por entero de animales que hay que extraer de un sustrato en lugar de perseguirlos.
Eso explica el fondo que ocupa —blando, no duro— y explica también su tolerancia al agua dulcificada. Los sedimentos más ricos en gusanos y en pequeños bivalvos son los de las desembocaduras; la especie entra en los estuarios porque su comida está allí, y no al revés.
Cómo pescarlo
La playa, la rompiente, la desembocadura, en diez a veinte metros y a menudo menos. Un fondo sin relieve —arena limpia, una poza de playa, el borde de una barra— no es un mal menor para esta especie: es su terreno.
Los cebos salen del régimen y todos se desentierran: gusanos marinos en primer lugar, luego pequeños bivalvos y quisquillas. El pez busca comida blanda enterrada, y la presentación posada sobre la arena o ligeramente hundida es la que le corresponde. Un montaje sostenido en plena agua trabaja por encima de él.
El banco es grande: el esfuerzo debe ir a encontrarlo, no a insistir sobre un puesto apagado.
Queda la decisión de devolver el pez al agua, y es aquí donde la herrera se escapa de lo que creemos saber de su familia. La talla corriente de la especie es de treinta centímetros. La inversión sexual, cuando ocurre, se sitúa entre veinticuatro y treinta y cinco. El pez que se tiene en la mano está, pues, dentro de la transición y no a un lado o a otro: dos individuos de idéntica longitud pueden estar en dos estados distintos. El razonamiento que funciona en otros sitios —leer el sexo en la talla, devolver al agua al que lleva la puesta— aquí no da nada. Y la fuente ni siquiera garantiza que haya una transición que leer.
Conservación
La pesquería es menor y no es ahí donde se juega la situación de la especie. Lo que pesa es el fondo.
Su franja habitual, diez a veinte metros y menos, es exactamente aquella en la que se regeneran playas, se excavan puertos, se dragan canales y se fabrica turbidez. Un animal del blando depende de la granulometría de ese blando: cambiar el grano de una playa es cambiar los gusanos y los bivalvos que produce, y por tanto la despensa del pez, sin que se haya hecho una sola captura.
Doce años de vida en esa misma banda, sin profundidad de repliegue, prolongan otro tanto la exposición. Pocas especies marinas explotadas pasan la totalidad de su existencia en el agua donde se decide la ordenación del litoral.
Un último punto, menos visible. La carne se describe como excelente y la especie se vende fresca pero también seca. El secado es lo que permite a una captura salir de la costa donde se hizo: allí donde se practica, la abundancia local y el consumo local dejan de responderse, y la demanda puede venir de mucho más lejos que la orilla que produce el pez.
Normativa
Consultar la normativa local vigente (talla mínima legal, períodos de veda, cupos).
Solo orientativo. Las tallas legales, cupos y vedas varían según el lugar y la temporada: consulta siempre la normativa local vigente antes de pescar.
Otros nombres
Marbré en francés, Marmorbrasse en alemán: el mármol, a uno y otro lado del Rin, para la misma librea.
El español dice herrera y el portugués ferreira. Es la misma palabra en las dos lenguas, la del herrero, de la misma raíz que el hierro. Mármol por un lado, metal por el otro: dos tradiciones de nombrar buscaron la comparación del mismo lado, el de las materias duras y veteadas.
El inglés no describe la librea sino el fondo, sand steenbras. El segundo término es afrikáans, venido del neerlandés, y significa «brema de piedra». Y resulta que el género se llama Lithognathus, mandíbula de piedra en griego. Dos tradiciones separadas por siglos y por un hemisferio tendieron hacia la misma imagen mineral, y una de ellas acabó en el binomio.
El italiano, por su parte, se limita a retomar el epíteto: mormora, de mormyrus, viejo nombre de pez griego reempleado sin intención descriptiva.
Fuentes: fishbase.se · api.gbif.org